Me desperté de un sueño ridículo que me hizo acordar a La exhibición de atrocidades. La candidata para las próximas elecciones en Norteamérica se bajaba de la carrera presidencial y se la veía sonriente arriba de un descapotable Mercedes Benz, conduciendo por una ruta de California. Ahora tan sólo pretendía explotar lo que ya era: una figura pública que no pasa desapercibida. Agarrándose del volante se erguía sobre el asiento de cuero y se abría de piernas mientras el viento le volaba el vestido. Su nombre podría ser Hillary o podría ser la hija del presidente Bush, pero en el sueño era casi idéntica a Zulemita Menem, con el agregado de rasgos asiáticos que la volvían atractiva. Se inclinaba hacia atrás y un chorro de semen le entraba en la boca, luego otro. Miré el reloj y todavía faltaba una hora y media para que sonara el despertador, pero no pude volver a dormir. Después de menguar entre los bordes de la cama me quedé quieto mirando un rendijo de luz ínfimo. Despacio, puse a trabajar mi mente y me supe libre sin esperanzas, como sólo es posible en el breve tiempo entre el sueño y la vigilia.
* El sueño aconteció antes de que se decidiera quién sería el próximo candidato presidencial demócrata. El dato no es importante sino como condición del sueño.
domingo, 22 de junio de 2008
jueves, 19 de junio de 2008
Dos purretes
"El Guapo de Ezpeleta" y "La Damisela de Longchamps", con estos nombres me sorprendieron mis viejos hoy en un juego que no quisieron explicar y se guardaron entre risas. Son los apodos que le pusieron a los dos gatos negros de la casa, y mirándolos a ellos, a mis viejos y a los gatos, repitiendo los nombres, se me soltó una risa a mí también. En este hogar de Belgrano donde el domingo hubo participación en el cacerolazo y donde en el living hay una biblioteca cuidada con libros clásicos y enciclopedias no se acostumbra a estas bromas. Ahora, puedo imaginarme a mis viejos en una historia escrita por Manuel Puig, como dos purretes saliendo de joda por el Gran Buenos Aires, pibes aún y burlándose de la solemnidad del hogar familiar. Y es que alguna vez fueron esto.
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