domingo, 22 de junio de 2008

Ballard and the alarm *

Me desperté de un sueño ridículo que me hizo acordar a La exhibición de atrocidades. La candidata para las próximas elecciones en Norteamérica se bajaba de la carrera presidencial y se la veía sonriente arriba de un descapotable Mercedes Benz, conduciendo por una ruta de California. Ahora tan sólo pretendía explotar lo que ya era: una figura pública que no pasa desapercibida. Agarrándose del volante se erguía sobre el asiento de cuero y se abría de piernas mientras el viento le volaba el vestido. Su nombre podría ser Hillary o podría ser la hija del presidente Bush, pero en el sueño era casi idéntica a Zulemita Menem, con el agregado de rasgos asiáticos que la volvían atractiva. Se inclinaba hacia atrás y un chorro de semen le entraba en la boca, luego otro. Miré el reloj y todavía faltaba una hora y media para que sonara el despertador, pero no pude volver a dormir. Después de menguar entre los bordes de la cama me quedé quieto mirando un rendijo de luz ínfimo. Despacio, puse a trabajar mi mente y me supe libre sin esperanzas, como sólo es posible en el breve tiempo entre el sueño y la vigilia.


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El sueño aconteció antes de que se decidiera quién sería el próximo candidato presidencial demócrata. El dato no es importante sino como condición del sueño.

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