jueves, 19 de junio de 2008
Dos purretes
"El Guapo de Ezpeleta" y "La Damisela de Longchamps", con estos nombres me sorprendieron mis viejos hoy en un juego que no quisieron explicar y se guardaron entre risas. Son los apodos que le pusieron a los dos gatos negros de la casa, y mirándolos a ellos, a mis viejos y a los gatos, repitiendo los nombres, se me soltó una risa a mí también. En este hogar de Belgrano donde el domingo hubo participación en el cacerolazo y donde en el living hay una biblioteca cuidada con libros clásicos y enciclopedias no se acostumbra a estas bromas. Ahora, puedo imaginarme a mis viejos en una historia escrita por Manuel Puig, como dos purretes saliendo de joda por el Gran Buenos Aires, pibes aún y burlándose de la solemnidad del hogar familiar. Y es que alguna vez fueron esto.
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