Conocí a Thomas Pynchon en un viaje a Montevideo el invierno pasado. Mi amigo Hernán Muleiro me lo presentó una tarde gris mientras recorríamos la ciudad sin rumbo fijo. Había oído su nombre antes, de hecho había comprado The Crying of Lot 49 más de un año atrás en los Estados Unidos, pero apenas tenía una idea muy vaga de él (y allá fue sin embargo mi primer contacto, luego olvidado: en los estantes inferiores de una librería de usados sobre King Street, en Old Town Alexandria, antiguo pueblo en el estado de Virginia que ahora es un suburbio de la ciudad de Washington). Aquella tarde Muleiro trazó las coordenadas donde ubicar a este escritor y me introdujo en su obra. Acaso la suerte quiso que Pynchon se encontrara rondando las esquinas, saliendo a nuestro encuentro en los largos corredores a la sombra de las galerías de la Avenida 18 de Julio, en las extrañas formas de los números en la entrada de algunas casas y en puertas y umbrales que resistían el transcurrir de los años. Acordamos rápidamente en que Montevideo, ciudad puerto hechizada en el tiempo, capital de un país minúsculo, era un buen escondite para el autor de V.
Creo que esa tarde caminamos demasiado y hablamos con bastante dificultad de algunos pesares y temores que nos devoraban. Detrás de cada palabra se ocultaban recorridos aún mayores: vinieron a la conversación las aturdidas calles de Río por las que anduvo Hernán, un cuarto de hotel invadido por cucarachas, y yo empecé a sospechar que ibamos tejiendo el camino de V. Varios meses después me encuentro en pleno centro de Buenos Aires, transpirando bajo el sol de Enero mientras voy a buscar a una vieja oficina El Arcoiris de Gravedad. Lo llevo en mi bolso y lo abro en un café ante las miradas fugaces de la gente que pasa. Leo unas cincuenta páginas y cierro el libro para sentir los laberintos de Londres asomando sobre Callao.
Me faltan muchas páginas por recorrer en los libros de Thomas Pynchon, están sin embargo en el horizonte de estas calles y de las calles del mundo que no tienen fin.
domingo, 13 de julio de 2008
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3 comentarios:
bienvenido al mundo de thomas p. por si no te hab´´ias dado cuenta aún, no hay retorno. por eso, dos veces bienvenido.
Leído entre la 1:14 y 1:16.
esa, pense que lo tenias abandonado a esto.
soy incapaz de ponerme a leer algo en un lugar publico, me da verguenza.
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